Pablo Micheli

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Mi convicción

JUICIO A LOS REPRESORES EN JUNÍN

'Julio Esterlich me dijo que si mi hermana no se callaba la iban a violar entre todos'

 El secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos Autónoma, relató la desaparición de sus padres (militantes comunistas) durante la dictadura. “Nos dejaron en la calle”, recordó.

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Diario La Verdad (Junín) 

26/11/2014 |

 La militancia combativa de Pablo Micheli, además de ir construyéndose con el tiempo, tiene su germen en los primeros años de la dictadura militar de los `70, cuando sus padres, militantes comunistas, estuvieron desaparecidos durante 20 días y después seis meses presos en el penal de Mercedes. Esa experiencia, que no solo los dejó con miedo sino que los desamparó, lo forjó como persona.

Esta es la historia de parte de la adolescencia del dirigente sindical juninense, surcada por la mayor tragedia argentina.

A los padres de Pablo Micheli, segundo de cuatro hermanos y que en 1976, tenía 16 años, los secuestraron durante los primeros meses del golpe al gobierno de Isabel Perón. La pareja comunista no eran parte de la dirigencia pero si militantes activos. Tenían dos paradores en la Laguna de Gómez, que eran el sustento familiar.

El golpe cambió todo para miles de familias argentinas, y la de Micheli fue una de ellas. Afincados en el barrio Las Morochas, donde los hermanos se criaron, la dictadura no solo los golpeó con la detención de sus padres, sino que además, una vez liberados, fueron obligados a emigrar a una villa del sur del Conurbano bonaerense.

“Los fueron a buscar de día, con absoluta impunidad. A mi viejo se lo llevaron de la laguna y a mi mamá de nuestra casa, en Francia 285”, contó Micheli.

“Ese mismo día –siguió relatando- los empezamos a buscar con mi hermana Beatriz, que tenía 18 años, por todos lados. Fuimos a la Comisaría Primera, a la de Villa Belgrano, al Distrito Militar, a los Cuarteles, anduvimos por todo Junín buscándolos. Hasta que al final volvimos a la Primera, muy angustiados”.

En ese momento se produjo un suceso que quedará grabado para siembre en la memoria de Micheli: “estábamos muy angustiados, y mi hermana lloraba mucho, en medio de un ataque de nervios. En ese momento sale Esterlich (Julio) y me dice ‘pibe hacé callar a tu hermana que sino la vamos a violar entre todos. Me quedé duro, casi me muero. Entonces le empecé a pedir a mi hermana que se calle’”.

El vacío en la escuela

Micheli cursaba cuarto año del secundario, iba al Colegio Nacional y hasta la fecha de la desaparición de sus padres, era un alumno más. Cuando los militares se los llevaron, la noticia no tardó en hacerse pública.

“Sufrí un vacío grande de muchos compañeros que se alejaron. Pero otros jugaron un papel destacado, en lugar de correrse se acercaron más”, contó.

Lo mismo pasó con los amigos del barrio Las Morochas, esos se quedaron al lado de Pablo y su familia, a pesar de todo. Pero no fue lo único que perdió en esa época. Los represores, además, le expropiaron (eufemismo usado para no decir lo que fue, un robo), los dos comercios que tenían en la Laguna. Quitándole así el sustento.

Los cuatro hermanos se quedaron con los abuelos en la casa familiar, pasando de la angustia de no saber dónde estaban sus padres, a las dificultades de saberlos presos en Mercedes.

Irse por temor a ser asesinados

Cuando los padres de Micheli fueron liberados, la familia comenzó el segundo calvario. Esta vez, debido a las amenazas de los represores, debieron dejar Junín y mudarse a Villa Caraza, en el partido de Lanús, al sur del Conurbano bonaerense.

Pasaron de estar en un barrio de trabajadores, pero con todos los servicios y comodidades, a un lugar donde el agua potable y las cloacas eran un misterio para los vecinos.

“Fuimos a parar a una villa miseria, hoy todavía está ahí. Nos dejaron en pelotas, en la miseria absoluta”, recordó. Toda la familia, finalmente, terminó afincándose allí, donde vivía un hermano de su padre.

“Pena nos dijo en la escuela que a los subversivos había que matarlos”

Con sus padres aún encarcelados, el por entonces comisario Pena fue a dar una charla a la escuela Nacional. “Pena era abogado, y recuerdo que nos dijo que el único remedio para los subversivos era ‘meterles una bala en la cabeza’”, señaló y agregó: “me agarró un ataque de nervios, lo quería matar”.

Esa historia se enlaza con una que después de ser liberado y con la democracia ya instalada, su padre le contó: “me decía que Pena recorría el lugar donde los tenían secuestrados, después de las torturas, y les decía que si por él fuera les metía a todos una bala en la nuca”.

Despertó la rebeldía

Lo sucedido en esos años tuvo en Micheli un efecto contrario al que buscaban los represores: el miedo no lo aplacó. Al contrario, le dieron impulso a las ganas de militar, de rebelarse contra todo lo que estaba pasando. Así fue que comenzó a militar en la juventud comunista y al poco tiempo en una agrupación de ATE en la que estaban Víctor de Genaro y Germán Abdala.

“Yo era feliz acá, iba a la escuela, podía vivir. Y nos dejaron en la ruina y a mis viejos los trataron como delincuentes”. Eso generó en él ganas de involucrarse, y lo llevaron a lo que es hoy, uno de los dirigentes sindicales con mayor influencia en el país.

Juicio en Junín

Por cuestiones de agenda, Pablo Micheli no podrá estar hoy en el juicio, pero saludó y festejó el inicio de las audiencias: “es una alegría ver a estos tipos sentados delante de los jueces, quiero verles las caras mientras son juzgados. Saludo el inicio de los juicios”.