Pablo Micheli

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Mi convicción

Capitulo 1

Che Guevara, el más grande de todos los tiempos

Primera entrega de una serie de entrevistas a Pablo Micheli donde habla sobre sus referentes y convicciones. 

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14/05/2014 | Paola Albarello


Cómo conocí al Che…

En aquel tiempo no teníamos televisión y yo escuchaba en la radio que nombraban al Che como un famoso guerrillero, como alguien peligroso. Eso me llamaba mucho la atención. Entonces un día le pregunté a mi viejo sobre él.
Mi viejo era un tipo de ideas de izquierda. Yo tenía una relación con él que me gustaba que me contara anécdotas de este tipo, historias. Podía pasar horas escuchándolo porque me apasionaba todo eso. Entonces, ese día me empieza a contar del Che. Me explica que era un médico argentino que se había ido a luchar por la liberación de los pueblos y que era un guerrillero heroico. Para ese momento, él ya estaba en la selva en Bolivia y había noticias de que lo perseguían, de que ya lo tenían cercado.
Para mí, la palabra guerrillero era una palabra prohibida en aquel momento, porque en todos lados se escuchaba como que era alguien peligroso, fuera de la ley. Entonces mi viejo me hizo entender que no, que eso no era verdad. Que en realidad era un tipo que luchaba por los pobres, por la libertad. Y me explicó también lo del tema de la opresión de los pueblos, dentro de todo lo que yo podía entender.
Lo más fuerte fue cuando lo mataron al Che en octubre de 1967. Yo ya tenía 8 años y me devoré toda la información que salió en un semanario muy famoso de aquella época. Lo leí completo. En la escuela era una noticia también. Había chicos que festejaban que lo habían matado (había mucho gorilismo en esa época), nada que ver con ahora que todos los jóvenes lo reivindican. Recuerdo que hasta me peleaba mucho con mis compañeros por este tema, lo defendía a muerte, porque después de todo lo que me decía mi papá y de todo lo que había leído, para mí era un luchador, un tipo que empecé a admirar desde chiquito.


Cosas que me impactaron

Su valentía
Por lo que leí sobre él, y por todo lo que pude conocer de las veces que fui a Cuba, el Che era muy valiente. Era un tipo que parecía que no le tenía miedo a la muerte, por ejemplo. Era un guerrillero que peleaba erguido, parado. Era un guapo enserio, no era matón, era guapo de convicciones, y era duro para las discusiones.
El “Cholo” Prati, un amigo de mi viejo comunista de Junín, Secretario Gral. de Frate, estuvo en el ´60 en Cuba con el Che, Fidel, Raúl. Siempre me contaba que el che andaba para todos lados, manejaba el jeep, no tenia chofer a pesar que era unos de los comandantes de la revolución. Él contaba que eran unos locos, que se fajaban a tiros con los contra-revolucionarios. No era que llamaban a sus soldados, no. Ellos mismo se corrían con los tipos a tiros.

Su compañerismo
El Che siempre les daba clases a los soldados ya que muchos de ellos eran de familias muy humildes que no sabían leer y escribir, y él les enseñaba.
Tenía un lema que para mi ha quedado marcado como una concepción política fundamental en la vida de un luchador, de un militante popular. Él decía “El comandante tiene que ir al paso del hombre mas lento de la tropa. Nunca ir demasiado separado de la tropa porque hay que esperar a todos. Hay que comenzar y llegar con todos”. Esto te sirve en la conducción política. A veces uno se queda con el que mas rápido la agarra, y quizás el más lento, el día que la entendió, no traiciona y se transforma en un soldado de una causa.

El Che y su Familia
Sin embargo, siempre hubo algo del Che que no me cerraba, que no podía comprender: su desapego de la familia.
Yo soy alguien que si no pudiera ver a mis hijos, me muero. Entonces, me parece duro un padre que se va y no vuelve más. En ese momento, medio que me convenció el verso del poder, del enemigo, de creer que el Che era un violento, y que quizás en los violentos los sentimientos no son lo más importante. ¡Qué mentira total! Pero siempre me quedaba la duda, no creía que era un violeto desamorado, pero había hechos que eran irrefutables.
En una oportunidad, por ejemplo, el Che vuelve a Cuba en un paso breve con una identidad falsa, porque se estaba preparando para otra misión y tenía que pasar un tiempo sin que se supiera donde estaba. La CIA le seguía todos los movimientos. En La Habana vivían sus hijos y su esposa. Él se encuentra con su familia, pero disfrazado, se hace pasar por otro tipo, y tiene a sus hijos alrededor y no los puede abrazar, no los puede tocar. Esa es una anécdota que siempre cuento de él, porque es una situación muy dura. Él era consciente que se iba a Bolivia y quizás no los veía nunca más en la vida, y sin embargo, no les pudo dar ni un beso como padre. Terrible! Entonces eso me pesaba, no me cerraba su frialdad al bancarse eso. Yo convivía con esa duda pero trataba de entender que él era un luchador y que a veces hay que sacrificar cosas.
Salvando distancias, siempre me comparaba en esa situación. Yo estoy mucho tiempo fuera de mi casa, viajo bastante y no veo crecer a mis hijos al igual que cualquier laburante común, que sale de la casa a las 7 de la mañana, vuelve a la tarde y cena todas las noches en su casa. Yo no he estado cumpleaños, aniversarios de casado. Entonces pensaba, si yo puedo hacer esto, imagínate el che. Pero en el fondo, pensaba en él y me pesaba el tema de mi cariño por mis hijos, o por los pibes en general. Yo no puedo ver un padre que no le de bola a los hijos que son lo más grande que uno tiene en la vida. Y ante eso, la propaganda del enemigo te penetra. Vos prendes la televisión y ellos (el capitalismo) te dice que el éxito en la vida en un chabón con traje, con un Audi, con toda la guita. Y la verdad que el éxito y la felicidad no son esas cosas.
Era un osado, un loco que peleaba parado con la guerrilla sin importarle que así lo pudieran matar más fácil. Era un valiente. Pero hay una explicación profunda en esto. Está relacionado con la enfermedad que él sufría, asma. Hasta su muerte, tuvo una relación de mucho apego con su mama, Celia. Además del amor que los unía, su relación era así porque él sentía que se moría cuando tenía un ataque de asma.
Yo también sufrí de lo mismo, y efectivamente, esa es la sensación que te produce un ataque de asma. El hecho de que te falte el aire es lo más feo que te puede pasar. Sentís que te morís. Tuve esos ataques hasta los 12 años. Pero además, ayudaba mucho la situación en la que vivía. Éramos muy pobres, vivíamos en condiciones totalmente desfavorables porque mi casa era revocada con barro, pisos de tierra, baño afuera, sin cloacas ni agua corriente, con una bomba en el patio. Pasaba mucho frio y el lugar era húmedo. A su vez, me pesaba la condición de muy pobre. Siempre quise tener una bicicleta y nunca la pude tener, por ejemplo. Para mí fue una deuda. Todo esto, sumado a que tuve una madre que no me trataba muy bien. Entonces el asma también tiene que ver con somatizar estas cosas Mi abuela se arrodillaba en la esquina de la cama a rezar para que yo no me muriera. Ella no era una mujer muy culta, pero en ese momento se aferraba a cualquier cosa para que yo me ponga bien. Y cuando leía acerca de la vida del Che, su madre también hacía lo mismo. Ese límite entre la vida y la muerte que te produce el asma, te hacer perder el miedo a la muerte, te da esa valentía. Por eso yo creo que el Che hacía eso. A veces mis hijos me dicen que soy frio en ciertas cosas. Pero no es frialdad, pasa que esas cosas te marcan en la vida.
Esa comparación con el che, me hacía pensar que no era un violento y que lo que había hecho era un sacrificio. Pero me seguía quedando la duda.
Hace un par de años atrás lo entendí. Fue en una charla de Silvio Rodríguez en homenaje al Che, invitado por la Universidad de Córdoba. Él explicó que no se podía hacer una revolución como la que hizo en Cuba, y haber enfrentado un proceso como el de Bolivia, si nos sos alguien profundamente romántico, alguien lleno de amor, amor a la humanidad para pelear contra el capitalismo. Fue ahí cuando comprendí su verdadera pasión.
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